foto-libro

June 8, 2018

 el primer post del blog.

 

Reflexiones sobre el retrato propio:  la dificultad de que una imagen que es única, inmóvil, refleje una realidad, siempre múltiple y cambiante. Un buen retrato es el que consigue mostrar esa esencia. Cuando me contemplo en una fotografía es como si me desdoblara, como si fuera otro. La fotografía es el advenimiento de uno mismo como si fuera otro, una rebuscada disociación de la consciencia de identidad. El Tema del doble acaba con la llegada de la fotografía. El ligero malestar que sentimos cuando nos contemplamos en una fotografía es la herencia de esa disociación. En el retrato hay cuatro campos de fuerza; delante del objetivo yo soy, al mismo tiempo, aquel que soy, el que desearía hacer creer que soy, el que el fotógrafo cree que soy y aquel que hace surgir para exhibir su arte. Esa sensación de impostura e ilegitimo ante el retrato, no ceso de imitarme a mi mismo. El retrato me despoja de mi mismo y me convierte en objeto en las manos de otros.

Y cuando se deshumaniza una imagen en la que terminos como: verdadero, real, fidedigno, puro; también se enjuicia al ser autorizado, certificado, firmado y legitimado.Por lo tanto, cuestionado, por inexacto e incierto.

Esto me recuerda el caso de el retrato hablado de un delincuente en Inglaterra que se vuelve viral, un retrato de ficción que se vuelve tan real, que la policía lo da por sospechoso, la imagen generó tanto revuelo que la propia policía tuvo que salir a aclarar su origen. La palabra se hace concreta.

 

El verbo se hace carne.

 

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